miércoles, 10 de marzo de 2010

Los ritmos de la ciudad


Así como una ciudad tiene sus plazas principales, recintos religiosos y políticos, rituales caóticos, avenidas, atajos, recovecos; la relevancia histórica de la ciudad está perpetuada en las ideas que se elaboran en torno a ella, desde la antigüedad hasta nuestros días. En el paso de la teoría social, donde cabe ese “topos uranus” platónico de las ciudades ideales, al carácter científico de las explicaciones acerca de la realidad social, nos encontramos con teorías elaboradas para abordar la ciudad como uno de los sucesos más extraños de la sociedad moderna. La concepción del materialismo histórico frente a la teoría de la acción social, vuelve a la ciudad una auténtica quimera, paradigma urbano que requiere ser comparado dentro de la reflexión sobre las urbes contemporáneas de Marx y Weber.

Charles Baudelaire expresaba mediante la poesía el carácter transformador de la sociedad moderna, pues el poeta francés antes que buscar la forma pura del verso alejandrino, procuró distanciarse para empezar a escuchar “los ritmos de la ciudad”. Esto es; el ir y venir de las máquinas industriales; la concentración de gente en los sitios públicos; las cloacas, los suburbios, la noche citadina llena de quimeras que no distan mucho de aquéllas pensadas por los teóricos marxianos y weberianos. La ciudad alberga todas esas figuras: a la vez busca la emancipación como su ontología más decadente; la ciudad como ente histórico es expresión de condición humana en su devenir, tal vez alejado de la naturaleza, no por ello aislada por entera de los otros. Ese sentimiento de otredad es el que me fascina de la ciudad en donde vivo, pues en momentos el propio ciudadano puede parecer un extranjero, no se digan los inmigrantes que llegan a ella, ni los personajes que existen al margen del río del olvido, el largo Leteo de todos los desagües, por el que la ciudad emana su propia exasperación por salir de sí misma.

No parece tan descabellada esta personificación de la ciudad como sus teorías. En este sentido es necesaria una revisión puntual de Marx y Weber. Mientras que Marx analiza el pasado utilizando categorías elaboradas con referencia a la estructura social de su época, forzando la interpretación del pasado para llegar a una interpretación coherente de su presente histórico, Weber acude a la tipología de sus ya clásicos “tipos ideales”, que no sólo desplazan el análisis de la determinación económica sobre otras esferas sociales, sino que proponen un carácter no ya de “dirección unívoca” como el desarrollo de las instituciones y funciones que caracterizan el asentamiento urbano.

Es así como ambos autores también explican la ciudad como parte del desarrollo del capitalismo moderno. Mientras que en Marx es el comercio el intercambio de mercancías, para Weber es necesario aportar el estudio del mercado como institución urbana, pues no es la lucha de clases el espacio de la acción social, sino el espacio de la acción social es el que enmarca las relaciones entre los habitantes de la ciudad. En este sentido, Marx apunta en otro texto: “Si el capital, por ejemplo, aún no se ha apoderado de la agricultura, una gran parte del producto se producirá todavía directamente como medio de subsistencia, no como mercancía; una gran parte de la población laboriosa no se habrá transformado aún en asalariados y una gran parte de las condiciones de trabajo no se habrá convertido en capital”.

La ciudad medieval, como tipología vigente, en Weber es expresión de un movimiento en distinto sentido, contemplando las variables de densidad y asentamiento; la comunidad vecinal varía con este último. Basado en la teoría de la acción social, Weber sostiene que “la cercanía física sólo en un momento de peligro puede actuar de forma comunitaria”, por tanto, esta acción es excepción y no regla. Este peligro no es evidente para la clase revolucionaria, el proletariado, como sí de los distintos estamentos que en la ciudad capitalista se van estructurando. Se tocan puntos en común en Marx y Engels en su sentido económico, pero va más allá cuando involucran estamentos y una fuerza económica autónoma de la ciudad.

Para ser más precisos, las dos corrientes teóricas coinciden en cuanto a que la transformación social en el ámbito urbano es vista como una transformación en las posiciones de los grupos sociales fundamentales, provocada por la interacción y el conflicto. Así, mientras Marx y Engels avanzan por la línea de la división social de trabajo, donde la concepción de la gran ciudad industrial es una forma penetrada de la totalidad social que tiende a identificarse con la sociedad entera –y entonces involucra variables como el aumento de la población, ya que esto viene a resultar en otra forma de distribución, como la separación del trabajo manual del intelectual, además del aumento de las necesidades y de un cambio histórico en la forma de la propiedad-, para Max Weber es necesaria una tipología que contemple no sólo una visión totalizante, sino que advierta, por ejemplo, cómo la ciudad satisface sus necesidades en el mercado local, cómo son sus transformaciones político-administrativas dentro de la modernidad, el desencanto del mundo como afirma en otro de sus textos y el carácter del grupo de la comunidad ciudadana.

Así como en Marx entonces es necesario primero establecer una distinción entre ciudad y campo como contradicción entre dos sociedades, mediante un cambio en la división social del trabajo, para Weber el mercado como institución urbana se caracteriza “por la libertad de acceso y de mercaduría, de claro rasgo capitalista a diferencia de la comunidad primitiva en el pensamiento materialista dialéctico y de normas que lo protegen del exterior”. Esta autonomía dentro del ámbito político administrativo es la que transforma al siervo en ciudadano, y no al campesino en el “ejército industrial de reserva” según la concepción marxista de la historia, donde los modos de producción determinan la acción social. La autonomía jurídica en la ciudad medieval, que encamina otras tipologías como la ciudad de consumidores, productores y comerciantes, permite al carácter comercial del grupo de la comunidad ciudadana ver por su “beneficio racional”, por su acumulación originaria de capital, según Marx. Cada mercado en Weber es un intento de conciliación entre libertad personal y disciplina de grupo, arquetipo de la acción social racional.

Al regirse por leyes, el mercado representa el estadio inicial de la reglamentación burocrática del capitalismo moderno, es decir, la ciudad puede y debe comprenderse no sólo en una serie de conceptos económicos, sino también políticos y culturales. La ciudad medieval empieza a tener ese carácter heterogéneo con que ahora se ven las ciudades más cosmopolitas, en cuanto a intercambio de bienes y servicios, poder adquisitivo y transportes, pertenencia a una asociación local antes que a los señoríos o los clanes; lo que ahora es moda de los escaparates frente al comercio informal, o fenómenos tan variados como la participación política de nuevos actores que la ciudad quiere, digamos, universalizar. Como se ha señalado con anterioridad, la coincidencia más relevante entre Marx y Weber se expresa en la idea de que la transformación social en el ámbito urbano es la de los grupos sociales en constante interacción y conflicto. Para cierta lectura será una lucha de clases, pero en estos tiempos es el estudio de las instituciones donde se puede hacer una crítica a la vigencia de estas posiciones, actitud que Weber ya inauguraba desde la contemporaneidad de sus detractores.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gustaría que dejaran sus comentarios, ya de acuerdo con las estadísticas es una de las entradas más visitadas, quiero pensar que no sólo para fusilarse algo en internet para cumplir con las tareas.

saludos amables a los lectores desconocidos!!!

Arturo Alvar

Un Pueblo, Un Seguro dijo...

Gracias por su excelente trabajo Camarada, dibuja con mucha claridad es sociologia de la urbe, que Marx y Weber plasmaron en sus categorias de analisis de esas realidades transformadoras y que hoy sustentan la teorias y categorias de analisis de la urbe globalizada o endogena actual.

Jose Manuel Lara - josemanuellara55@hotmail.com

Anónimo dijo...

Me encantaría ponerme en contacto con el autor de este blog. ¿hay algún método?
agradezco la atención