lunes, 25 de julio de 2011

Periferias sin certezas

Dos centros culturales en Ciudad Juárez y el Distrito Federal


No me cansaré de señalar que sin espacios para la cultura no existirán alternativas para el país. Y sería necedad de mi parte tal señalamiento, si no fuera porque la obstinación de los que niegan este hecho es mayor y mucho más perjudicial que mi opinión personal en esta columna.

Los que promueven una estrategia de seguridad nacional basada en la militarización del país, lo mejor que han podido vislumbrar durante este lamentable sexenio, es que los jóvenes ingresen a las corporaciones policiacas, para no tenerlos sin escuela y sin trabajo dignos. La sociedad civil, en este contexto, está amarrada de pies y manos, vendada de los ojos, sin una vida democrática ni garantías a futuro.

Estoy convencido que una forma de contrarrestar esta lógica es confrontarse con una serie de símbolos y estrategias culturales, es decir, tanto en el terreno ideológico como en el práctico, que resulten en un medio efectivo para que la sociedad se organice de otra manera, pues no se trata únicamente de individuos sino de un problema estructural que se tiene que enunciar desde otros espacios.

No queda más que reconocer las acciones que han emprendido distintos colectivos para que desde la (auto)gestión cultural, la creación interdisciplinaria y perspectivas comunitarias, los espacios culturales sean consolidados, en muchas ocasiones desde contextos muy adversos, como en los dos casos de actualidad que abordaré a continuación, periferias sin certezas, que tienen que ver con el reconocimiento del trabajo realizado y acuerdos que garanticen la vigencia cultural de estos espacios.

En el primer caso, se trata de un Teatro ubicado en el interior de la Preparatoria “Adolfo López Mateos” donde el Colectivo Cultural Vagón ha realizado, desde 2007, distintas actividades culturales en beneficio de la comunidad  fronteriza de Ciudad Juárez. Puesto que dicha institución está pasando a formar parte del Colegio de Bachilleres, Vagón ha solicitado a las autoridades entrantes la continuidad del proyecto, garantizando que el Teatro siga funcionando como tal.

Con una antigüedad de más de 40 años, esta preparatoria alguna vez estuvo del lado de Estados Unidos, construida al estilo de las secundarias norteamericanas. Pero el cauce del río Bravo habría de reconfigurar los límites fronterizos y al presidente López Mateos le tocó pactar la nueva demarcación. El teatro, deteriorado por el evidente desuso en que lo tenían, actualmente se encuentra intervenido por Vagón, emprendiendo con esto diversos proyectos culturales.

El teatro, con capacidad para 350 personas, fue apoyado en 2008 con recursos del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMYC) que opera el CONACULTA a través del Instituto Chihuahuense de la Cultura para rehabilitarlo, gestionando Vagón los recursos para echarlo a andar como un espacio abierto no sólo a los estudiantes, sino a toda la comunidad. Desde entonces se ha creado el grupo de teatro de la escuela y se apoyan entre sí grupos de otras localidades para montar sus obras en este espacio.

Vagón, cuyo logo aparece con la frase “un rumbo distinto”, comenzó organizando lecturas de poesía en distintas comunidades de la frontera norte como Ascensión, San Agustín y Valle de Juárez. Actualmente cuenta con un proyecto editorial en proceso, que consiste en un portal electrónico de e-books. Sin embargo, de la literatura pasaron también a la producción de cortometrajes, el primero de éstos se tituló “La silla”. Encontraron en el Teatro no sólo un punto de cohesión para el trabajo con otros grupos, con montajes escénicos coproducidos, sino que han llevado a cabo un taller de teatro itinerante, en un centro comunitario de la colonia Francisco Villarreal, junto con un taller de producción audiovisual. Esto acredita el valor del quehacer cultural alcanzado por jóvenes juarenses que además de creatividad tienen un amplio sentido de las implicaciones sociales que su quehacer conlleva, donde es necesaria una visión más allá del centralismo oficial.

Cuando los entrevistamos a principios de 2010, dentro del Teatro, sentados en las butacas, los miembros de Vagón nos platicaron de sus objetivos y sueños; de sus vocaciones y complicidades; de su amistad en medio del caos. Mientras eso sucedía, las autoridades de la escuela recibieron una llamada: una amenaza de bomba. Interrumpieron las clases y nuestra entrevista. Todos tuvimos que salir, desconcertados, con las cámaras en mano. Afuera, un cerco militar se había instalado sobre la escuela, la Policía Federal aprovechó para introducirse en la Universidad, que esta a un costado de la Prepa, en lo que se llama El Chamizal.


El desalojo de alumnos, algunos asustados, otros alegres por la suspensión de actividades, además de la presencia de los uniformados, me hicieron estragos en la memoria. La Guerra de Calderón me parece un pretexto perfecto para transgredir la autonomía de este tipo de espacios, no sólo el del campus universitario, agraviado tantas veces con amenazas y disparos a los estudiantes, sino que es incluso un agravio al mismo Teatro, “peinado” en esa ocasión por los soldados, pero ¿de dónde viene la amenaza?

En su declaratoria, los miembros del Colectivo Vagón consideran importante que el Teatro de la Preparatoria Adolfo López Mateos “siga siendo una puerta abierta para las distintas agrupaciones artísticas”, cuyo trabajo debiera ser reconocido. Tanto es así, que solicitan que se incorpore como patrimonio cultural de Ciudad Juárez, petición que debiera ser aceptada a la luz del difícil contexto que viven sus habitantes.

Por otra parte, el viernes por la tarde me encontré con el encargado de las actividades literarias del Centro Cultural Xavier Villaurrutia, ubicado en la glorieta del metro insurgentes, en el Distrito Federal. Aproveché para comentarle el interés que teníamos por presentar una antología de poesía en este espacio, para finales de septiembre, a lo que me dijo que el espacio permanecería cerrado hasta nuevo aviso. El mismo hombre que había abierto una librería especializada en poesía, a la que asistimos varias veces en la Colonia Roma, ahora pasaba a ser otro desempleado en la capital del país.

Este sábado 24 de junio, leí una nota en “La Jornada” al respecto, donde se dice que el espacio cerrará de manera temporal por los trabajos del STC en la glorieta Insurgentes, pero que las autoridades se comprometen a mantener el Centro Cultural Xavier Villaurrutia, donde la titular de cultura del GDF firmó un acuerdo que asegura la devolución de las instalaciones y de los contratos laborales. “Ante el eminente cierre temporal del espacio cultural, los maestros y talleristas deberán entregar las instalaciones –locales 11 y 12– el próximo 31 de julio y les serán devueltos cuando concluya el remozamiento proyectado por el STCM”.

La historia de este centro también da cuenta de muchas vicisitudes, pues ya hace varios años que también lo habían querido quitar. Me acuerdo que los policías querían ahí su estación, hasta que lograron obtener remozamiento y otro local más, con lo que se ampliaron sus actividades. Yo mismo, por razones circunstanciales le ayudé al encargado de entonces a imprimir unos carteles de denuncia con apoyo del sindicato de la UAM.

La última vez que asistí a este Centro fue hace un par de meses, para la presentación de “Infierno blanco”, poemario de Víctor M. Muñoz, lo que me llenó de gusto porque el centro está bien ubicado, en el corazón de la glorieta de insurgentes, lo que de alguna manera garantiza un público diverso. Pero hacen falta más espacios, desde luego, inclusive en la capital, no se diga de los estados, pues se repite a escala la centralización. La lógica es para más, nunca menos, pero parece que a las autoridades culturales hay que recordarles esto a cada rato, a falta de profesionalismo y de políticas con mayores alcances en las comunidades.

Por lo pronto, espero que nos alcance el tiempo de presentar la antología de poesía en este espacio. Que el cierre de este espacio cultural no sea para siempre, incluso de una vez deberían aprovechar para remodelarlo. A los lectores de esta épica columna, que cargan a sus espaldas todo el peso de la literatura (o su levedad), en estos tiempos desolados, les escribo de memoria este Nocturno de Xavier Villaurrutia:


Nocturno de la estatua:

Soñar, soñar la noche, la calle, la escalera
y el grito de la estatua desdoblando la esquina.

Correr hacia la estatua y encontrar sólo el grito
querer tocar el grito y sólo hallar el eco
querer asir el eco y encontrar sólo el muro
y correr hacia el muro y tocar un espejo.

Hallar en el espejo la estatua asesinada
sacarla de la sangre de su sombra
vestirla en un cerrar de ojos
acariciarla como una hermana imprevista
y jugar con las yemas de sus dedos
y contar en su oreja cien veces cien
cien veces
hasta oírla decir:  
                           
“estoy muerta de sueño”