lunes, 15 de febrero de 2010

Teratología alfabética

Él es sus textos, su escritura. Las letras de su nombre se vuelven los animales de su mente, su invocación, donde el despliegue de su lengua es el despliegue del universo. Danell en cambio prefiere ver los momentos de sus escritura. Puede llegar a los textos bajo una certidumbre: nada tiene que ver su vida con su obra.

Arca es una deformación del cuerpo en la deformación de lo que representa. Cuerpo hecho de carne y escrito en nombre, representado en una niña bonita y un dedo en las arrugas de la hoja. Se difieren, se aman.

Danell no ve en sus escritos lo que en él mismo se encuentra. El despliegue de sus escritura se hace no en sacrificio de ser su propio anhelo de creación, su personaje. Ya se le ha asignado un papel y un trato con el mundo. Arca de frente y de espaldas al mundo, se dibuja un punto entre los ojos y se hiere las manos, para abrazarse en un capullo o sello fetal se mariposa podrida; para despertar y que las costras del dibujo se le vayan tirando, secas, al descubrimiento de sus alas.

Arca no, no empieza desde el movimiento de los dedos, escribe con los ojos, lo escriben con los ojos. Lee desde la columna vertebral e intenta erguirse y apoyar sobre su cabeza la arquitectura de pasillos altos y escaleras angostas. Duerme mientras desciende el cuello y se derrumba: ¿la casa, el castillo, la iglesia? Lumbre de agua están sus ojos dormidos pero abiertos. Recorre el zagzig de su mente y no usa la cuadrícula y el punto y aparte. Sólo hay una puerta para él y es MAYÚSCULA; un vino desde allá y se acerca, un te vas cada vez más de cerca hasta que me estrelles tu boca en la escritura. Tan presentes sus presas de palabras, anilladas en una curva o mano pintada en las negras digitales de la extremidad.

Su cabeza es un pulgar hecho de pelo oscuro y amputada articulación, caligrafía deforme y clausurada por los otros dedos enemigos. Habla el tiempo en sus miembros sin tacto, las ligas del maniquí o el muñeco de trapo ahogado en la pesada tinta, cubeta para limpiar el azulejo blanco; cubeta: un corazón de plástico. Jorobados y entumidos signos, palabras sin encontrar la última letra; marca flácida bajo una pluma que nunca se acaba, se pierde o se mancha de hemorragia interna. Sola, muerta de hambre por metérsela en la rajada del libro, de cabeza de cabecera, duerme a solas.

Empiezo por la escalera y termino en el baño solando con mi orín de tinta negra. Anochezco sentado, me levanto con las piernas arriba de mi lectura hecha con libros soñados, los mismos libros de la vigilia con las páginas arrancadas para que digan otra cosa. Y Danell no piensa en heces o en canes con tiña y ser la comenzón de la escritura o la escritura de comezón en la hoja. Trazo cuadriculado y recto, simetría sin ángulos. Tal parece y le sorprende a Arca, que a Danell no le importan los puntos finales, o mojarse y limpiar el pasillo con sus ropas, colgarse del techo y saber qué dice tanta mugre o azulejo de agua. Mi jerga te limpia o te lastima y me hace hablar como si fuera el retazo de tela que tiró algún rey.

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2 comentarios:

magnolia dijo...

hola, me gusta este espacio, saludos,
L

Cuatropuntos dijo...

Gracias, tu comentario me da ánimos para seguir escribiendo. Por ahora está en rehabilitación mi computadora, pero en cuanto quede lista seguiré subiendo textos