miércoles, 10 de noviembre de 2010

Antología de poesía Moebius: Nacidos en los ochentas

Respecto a la construcción de una tradición, el ejercicio literario depende mucho del diálogo que establecen las generaciones de escritores, entre ellos, con la sociedad y con sus propias obras. Sin embargo, también es cierto que dentro de la misma tradición, sobre todo con respecto al canon de la poesía, impera sobre todo el valor, por demás conservador, de que la literatura no debe ser contaminada por la mirada crítica del contemporáneo.

Dentro de las antologías poéticas oficiales, hablar de diversidad se ha tornado en mero discurso de lo “políticamente correcto”, para designar el carácter común de las obras. Sin embargo, las trayectorias poéticas se van haciendo visibles en la medida que nuevas generaciones, desde un carácter más independiente, han roto con el valor de la auto-incomprensión, impuesto desde la tradición predominante, expresándose a favor tanto de la necesidad de reflexión en torno al propio quehacer poético, así como de la retroalimentación entre sus propias creaciones y concepciones como un ejercicio consciente de sí mismo y lo que contrapone.

Que se pueda hablar de la existencia de una generación poética, conformada por escritores mexicanos nacidos en la década de los ochentas del siglo pasado, se debe a una voluntad colectiva que le da ubicación en el espacio y tiempo. Durante el mes de mayo del 2010, se llevaron a cabo jornadas poéticas con lectura de obra propia, a iniciativa de Estephani Granda Lamadrid, en distintos espacios de la Ciudad de México, con una importante participación de más de una veintena de autores entre 20 y 30 años, no esperada por los propios organizadores. Un acto público que propició el ejercicio reflexivo y que a partir de ese momento pretende realizarse año con año, incluyendo a más poetas, razón por la cual se determinó como proyecto común la realización de una Antología que, publicada de manera autogestiva, delineara los márgenes y nodos de la poesía que presentaron los jóvenes participantes.

Al referirnos a una generación, damos énfasis al suceso de este encuentro, retroalimentación y auto-reconocimiento. Esto toma distancia del “archipiélago de soledades” en que se vieron los Contemporáneos; tampoco nos vemos arrojados por completo al proyecto vanguardista de los Estridentistas y sus herederos. Aún menos nos sentimos identificados con un grupo selecto, en espera de consagrarse a la sombra del patriarcado literario. Nos concebimos, más bien, como resultado de una búsqueda de la condensación de pasados literarios que adquiere una identidad propia y un porvenir. La poesía, ni más ni menos, para nosotros es como una cinta de Moebius: hace que lo exterior se interiorice, el significante se continúe en el significado, la forma en el contenido, el yo en su circunstancia, el arte con la vida; no sólo ampliando el mundo, sino también, redescubriéndolo: en la palabra que proyecta la metáfora como germinación de otra realidad.

Cualquier vanguardia es exterior a nuestra generación, mas por un desdoblamiento consciente. Lo que pasa allá afuera no puede ser soslayado. La etiqueta del yo lírico viene impuesta por un romanticismo mal entendido. El ensimismamiento, la necrofilia, son salidas engañosas. El infinito que rodea al tigre, el círculo de fuego, el emblema del poder, son una cárcel. Es necesario dejar la casa, dejarla intacta, mudar de voces, que se quede el ser de la poesía. Hay un sol que fenece, duerme y se sueña perseguido por la noche, con todo lo que nuestra poesía contiene y que hemos pasado al otro lado de la cinta. Porque Moebius también es un vehículo donde el pensamiento puede avanzar a la velocidad de la realidad y chocar con lo eterno, hecho danza y silencio, hacerse añicos en la continuidad del cerebro, quebrar cuanto horizonte quede malherido, dejar que la obra se disuelva en la marea de los sucesos, en el presente de la espuma. Una congregación de poéticas heterodoxas que han de demoler al impertérrito olvido.

La revista “Sapiencia”, en este número 6/7, presenta una selección de poemas que forman parte de la Antología “Moebius. Poetas de los ochentas”, que en este caso se acotó a las voces femeninas, ya que frecuentemente “la lira de ellas está más afinada que la de los varones”, como dice Enrique González Rojo, a propósito de los criterios de selección tradicionalmente excluyentes hacia las mujeres. En este sentido, la Antología se despliega en un movimiento más amplio: el viaje de veintidós jóvenes, escritoras y escritores, que se reconocieron en días de ignominia, supieron escuchar al otro y tenderse las manos con las que escriben y seguirán haciendo poesía.


Judith Santopietro (Veracruz, 1983)

Yang-Bara

Regreso
nada mutila la esencia de mis pasos ancestrales
desde una estepa en la que nada sé.
La mujer negra revienta los granos de café
en el mortero;
la mujer negra
en los campos de algodón
donde urde el ritmo
recolecta la lejanía de los dioses.
Desde las quijadas de animales
brota la música,
es el rezo constante
de un aliento atrapado en mí.
Luz entre la carne negra
Luz de raíz negra
se vuelven las plantas de mis pies
iluminan el áspero viaje a la montaña.
Esta noche
en la danza de los cimarrones
convocaremos la oscuridad de los tambores encendidos
y entre nosotros
el canto se hará vértebra
de un dios animal.

Ileana Garma (Yucatán, 1985)

Una Noche (fragmento)

Cuando entraste a mi piel
con toda la furia de la soledad
de la noche los días los puestos de carne
Con toda la soledad de la furia
los vestigios los trabajos
yo no esperaba nada
Abrí la cortina de un muerto amanecer
deformé callejones entre cigarrillo y cigarrillo
hasta que me cerraste los recuerdos con tu cuerpo
Yo no esperaba nada
así que mentí entre cadenas y fósforos
rosales que detrás del hotel se pudrían
sin esperar nada llegó la luz
me cubrí con una sábana para romper el silencio
Yo no esperaba nada cuando te tomé de la mano
subimos escalinatas descubiertas por la lluvia
aprendimos de botones rotos
de cabellos atrapados por la humedad
Aprehendiste mis pasos en la cerrada luz
en mi cerrada boca de aprendiz minúscula
en mis jardines que se alargaban como una trampa
No esperaba nada
cuando encontré diminutos patios en tu cuerpo
bancas en la noche para dormir
columpios sujetados por el sudor de tus manos tibias
tus pies
tu delgada cabeza de Aquiles vencido.


Ixchel García (D.F, 1986)

Sobre la soledad

He aprendido a bailar
por la soledad
sin tropezar más conmigo.
Doy rostro al humo,
olas y caracoles.
Se alejan,
desbaratan,
ansían ser eco.
Desperté como un caballo que nació muerto,
teñí de olvido la sangre,
brinqué mi sombra,
até mis palabras a un torbellino
que envié a naufragar por el desierto.

Le Coeur 2008 (fragmento)

El frío llega,
los años desaparecen
y el cuarto está repleto de hojas.
Espero el repentino viento que lleve al verdadero,
dejar los Adioses que buscan
Holas imprevistos,
los Me voy que regresan,
a ti de madrugada sin motivos bajo mi casa,
al no te veré y nos veremos.
Te soñé al otro lado,
empapada de soledades,
soledades tan mías
tan tuyas
tan nuestras.


Elena Flores (Puebla, 1985)

No Musa

No seré a quien supliques frágil
Musa
Compadécete
no te contaré de cómo en esos tiempos
se resolvían las cosas magistrales
ni guiaré tus manos
No está escrito así en ningún pergamino
ni bajo el designio de un ser omnipotente
Se encuentra restringido el calor de mis palabras a tus oídos
no seré a quién agradezcas febril la tibieza de mi vientre o el amor.

Distancia

La mujer de nieve ha venido a dormir esta noche conmigo
en mi lecho las dos certeras sabemos que el sonido de tu voz desaparece
ríe, me abraza más fuerte que nunca
dónde queda la fe si ya has muerto…

Filamento

En un filamento temporal somos uno mismo
el mundo se convierte tan sólo en una mota
convergen suaves las palabras en la atmósfera
También es cuestión de nimiedades desaparecer
romper el lazo, seguir por caminos distintos
reacomodar la rutina, olvidar, soltar, desvanecerse…


Diana Garza Islas (Nuevo León, 1985)

verbigracia: [variaciones sobre lo mismo]

Cada palabra que escribo es mi epitafio

I

Que el pez soporice las estancias con su arpón milímetrico. Estrellas aquí mismo. Enumeraciones. Vampiros móbil dicere en la costa más oeste (y lo de siempre: o este; obviedades, simulacro de estilos y de hombres. Palabras a la espera. ¿Palabras a la espera? Astros y grafías ancladas al talón más épico (edípico ó eléctrico) de todas tumbas por deexcavar aún, sí, nuestro epitafio, última pifia de cascajo lapidaria. Cacofonías. Gajes de: la manzana fúnebre al oído: (letanía correspondiente) el background de alguna vez, la apantallante intermitencia de aquí al lado, enfrente de mí —. . . ah, la perspectiva.

Y no diremos: hoja en blanco. Sino redes. Tejidos ágrafos descobi¬jando del olor maché y contraportadas de hace siglos, ribeteadas en fuego y glorietas de luzsangre.
[Palatalizar la sílaba / Razilatalaparla así, lava — ]
Y muda. Este hospital de cada día que florilegia las jornadas con sudor y pan, con la sangre frente al batallón que dice: así. Y a la mañana siguiente —
Sólo espero escribir esta palabra.

II

[Los continentes se derretirán por séptima vez si no te asomas al festín de lo impalpable: trozo de, icebergs describiéndose. Atlánti¬das cosas, como dije alguna vez, respecto a algo, con otras pala-bras y en otro idioma. Así, como decir: no, nunca. Y basta, que la balle¬na avecina desde la pecera más natal, Yo: Natalia Oralia, Centinela:

III

Desde este ángulo los sueños se ven mejor, pero las formas no tienen dueño. Las cosas se apalabran a mediooído, cual colgados al revés, los pájaros de siempre. Sangre, dícese. Tongoy. Las guaridas encar¬aman al umbral. (He dicho cosas como esas, en otro tiempo.) Es¬pacio y masa, las orillas se doblegan. Guarismo de lo intepretable. Hermenéuticas del vacío, quién, dice. Y se aturullan los ciempiés:
crisálidas, garzas, madreselvas. Todos los orificios. Baal, Galil, Umbralia, Ur. Y cada ciudad del siglo correspondiente a cada letra, que es, a / hacia / entre y para sí, el ombligo del mundo. La pre- posición, la impostura, el equilibrio, el punto muerto. El disfraz de un mimo funambulista, espía de los pecados de ningún Yo.

¿Tú, lector. . . ? Porque yo escribe esa línea, y no concibo [ . . . ]
[Sí : No, ningún espectro de embrión se incubará ya en mis heridas dactilares]


Monserrat Morales (Puebla, 1985)

Silenciosa marcha (Fragmento)

Uno está a la orilla del mar
salándose los ojos
No hay otro modo de estar.
Uno es el perro ciego ladrándole a la luna
entre el garrote y la mofa.
No hay otro modo de ser…
sólo este oscuro destino de isla sorda
donde la sal relame los bordes de su orilla
sólo desnudos somos nosotros

por eso en el cuartito de hotel me besas toda
ahí donde no me oculto ni un centímetro
donde el amor es más honesto
aunque sea amor de tarde contagiada de lujuria

escucha el orgasmo silencioso de mi cama a tu isla
escucho silencio

mi nombre es agua y viento
lengua envenenada de sacrificios
(vivo acostumbrada a lo mundano
a los albures
al café barato
vivo callada
callada
no muero
no soy árbol
no soy tuya)

digamos que soy tú
que aparezco en las pesadillas mordiendo tu boca
destrozando tu casa
y habito contigo desnuda y sin ojos
escucho silencio de tu boca a mi cama
caminaré por las calles escupiendo veneno
la lengua me arde de tanta soledad seca
el viento me deletrea la terrible ausencia que crece
entonces me miro tan mujer de tierra como mi madre
y en la sombra de alas batiéndose por encima nuestro
nos volvemos miserables
soy tan terrenal como ninguna
vengo arrastrando siglos en las pestañas
una maldición dictada por todos
una ceguera para cantar mi dulce saeta
para limpiar el rostro con mi lluvia nueva
para despertar
cuando decline el sol.

Yendi Ramos (Oaxaca, 1982)

Danza después de la vigilia

Me voy como la sombra cuando declina;
soy sacudido como langosta.
Salmos: 109; 23

La noche cobra los vicios
el agua se lleva el olor de los dedos
mi sudor se queda dormido: le gusta tu cuerpo.

Despedirme es mi danza en las mañanas.
Y te tomo del cuello
no delato con los pasos
alzo los talones
cierro la puerta.

Menuza

Ese vestido negro
tirita en el camino
olvida que hay algo más que temblar
sentado en una banca
entonces huye
tan ligero y torpe se mece
de una calle a otra
quiere teñirse de viejo
por eso guarda en los bolsillos
un ramo de hojas secas.
Tiene hambre
lo sé
lo sé
porque un craj de hierba
dejó sorda la piel que deshizo.
.

No hay comentarios: